domingo, 26 de enero de 2014

Yo lloro por el amor. Lloro porque no existe. Lloro porque jamás experimentaré realmente esa sensación de plenitud, esas situaciones absolutamente perfectas que solo se pueden ver en la ficción. Me refugio en libros y películas, me meto en la piel del personaje, y
disfruto enamorándome una y otra vez de ese ser perfecto que te hace sentir volar. Pero entonces vuelvo a la realidad, y el brillo de mis ojos desaparece, añorando ese sentimiento que en este mundo terrible no es posible vivir. 

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